Condottiere juego de mesa

Estamos en la Italia del Renacimiento. Italia es un territorio dividido en ducados, repúblicas y reinos. Los que mandan son tanto amigos como enemigos, tan pronto pactan como van a la guerra. Es una época convulsa, propicia para los condottieri, jefes de armas mercenarios que se ofrecen a quien pague suficientemente bien. Las grandes ciudades y los territorios ricos compran de buen grado sus servicios. Pero los condottieri no se conforman con poco: lentamente, querrán tener más y más poder… En el juego, cada jugador es un condottieri que quiere conquistar ciudades italianas, vigilando que no lo hagan antes sus colegas de armas.

El tablero representa el mapa ce Italia, con diecisiete territorios bien delimitados, cada uno con su ciudad de vanguardia. Se trata de ser el primer condottiere en ocupar las ciudades de cuatro regiones adyacentes. Para hacerlo, establecerán batallas entre ellos para ganar el poder de las ciudades. Haber conquistado una ciudad no da ninguna seguridad, porque cada nueva ciudad ocupada puede ser el escenario de una nueva batalla. Para librar las batallas, los jugadores tienen cartas, unas cartas más grandes que las habituales cartas de juego, magníficamente ilustradas por el mismo Dominique Ehrhard, que, además de prolífico y apreciado creador de juegos de todo tipo (otros grandes juegos suyos son Mediterraneee, La fureur des dieux o Crazy Circus), es un pintor figurativo de reconocida valía en Francia. Las cartas, hasta 96, representan las fuerzas de los condottieri (63 mercenarios de valores de 1 a 10, 15 espantajos que pueden usarse para despistar a las fuerzas enemigas, 6 timbaleros que refuerzan la moral de las propias fuerzas, 3 obispos, 3 cartas de rendición sin condiciones. 3 heroínas y 3 cartas de invierno que cambian la naturaleza de los combates). En cada turno de juego, los condottieri van bajando de una en una las cartas que tienen en las manos. Cuando todos los jugadores menos uno han pasado, el condottiere que ha ganado la baza (es decir, que suma más puntos de mercenarios que los otros jugadores) ocupa la ciudad por la que luchaban. Se descartan las cartas utilizadas y se sigue luchando en la ciudad que quiera ahora el condottiere ganador. Cuando todos los jugadores menos uno se quedan sin cartas, se reparten de nuevo, el mismo número a cada jugador. Además, cada ciudad ocupada dará dos cartas extra a su conquistador.

Como para ganar hay que conquistar ciudades adyacentes. es importante luchar por poder ganar ciudades que quizá no tienen interés y poder decidir en qué ciudad se sigue luchando. Eso hace de CONDOTTIERE un juego a medio camino entre los juegos de bazas, como el TUTE, y los juegos de conquista territorial. como el RISK. Toda clase de alianzas y traiciones están permitidas.

Lo que hace de CONDOTTIERE un juego especialmente aceptado entre los jugadores (y, seguramente, la razón de las constantes reediciones en diversos países) es la sutileza de las cartas. Las de soldado mercenario dan puntos, pero los espantajos hacen volver a jugar una carta ya jugada, la dureza del invierno reduce el valor de todos los soldados a 1, la rendición de una ciudad hace inútil seguir luchando, los timbaleros hacen doblar el valor de sus propios soldados, la heroína vale siempre 10 y no le afecta el frío del invierno ni el calor de los timbales. El acierto más grande es el obispo, que impide la lucha por una ciudad. Si el quiere, la ciudad por la que se luchaba queda sin amo o sigue perteneciendo al amo que ya tenia.

En resumen, un buen juego, sencillo y lleno de posibilidades tácticas, que agrada tanto a jugadores confirmados como a ocasionales. Como los buenos juegos, admite mesas de diferente medida, de dos a seis jugadores.

Fuente: El mundo en juegos de Oriol Comas i Coma

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