La liebre y la tortuga juego de mesa

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La liebre y la tortuga es un juego de mesa de recorrido en el cual los jugadores hacen avanzar las fichas con el objetivo de llegar al final del tablero en primer lugar. Por el medio, se producen capturen o se llevan a cabo acciones que indican determinadas casillas.

Son cuentos breves que narran una imaginaria particularidad en la que por lo común los protagonistas son animales provistos del potencial del lengua, que razonan y proceder, como los varones y que el fabulista hace proceder para ejemplificación de éstos y para darles una advertencia moral.

Ésta es la conveniente relación de las quimeras que hace el profesor Martí de Riquer en la exorbitante Historia de la literatura universal que escribió con José María Valverde. Pero el deporte la liebre y la tortuga, nos dice su hacedor, David Parlett, es un jugueteo de recorrido con una diferencia, la desaparición de albur.

Es, dado que, un juego equivalente a los demás naipes de su cepa en los que la mano de un dado no determina el aspaviento de las filiaciones. No es como para guasearse, porque este detalle lo convierte en un lote casi único entre los conjuntos de recorrido.

¿Cómo jugar a la liebre y la tortuga?

El lote se compone de un tablón con 63 hendiduras de cinco individuos: zanahorias, lechugas, liebre, tortuga y, usando un símil del ciclismo, ideales volantes. Además, hay una identificación para cada componentebarajas de zanahoria y de lechuga (el parné en placer) y un dado.

El objetivo de los tahúres es ser el frontal en resistir a la caja de comunicación, habiéndose devorado toda la lechuga y con menos de diez zanahorias. No hay capturas tampoco boquetes tampoco cárceles siquiera puentes que hagan adelantar más rápido. Cada atleta comienza con 3 lechugas y 65 zanahorias.

Comiéndoselas podrá progresar, cuanto más insensibilidad más rápido irá. Pero no es tan descifrable, porque cuanto más violentos son los vaivenes más zanahorias hay que almorzar, y eso en sucesión geométrica: lograr una chabola vale 1 zanahoria; dos, 3 zanahorias; tres, 6 zanahorias; ocho, 36 zanahorias; cuarenta y tres, 946 zanahorias…

Si un participante quiere comprar nada más una zanahoria en cada vaivén necesitará 64 impulsos. Avanzará a portillo de tortuga, una choza por balanceo, y incluso le quedará una zanahoria cuando llegue. Pero llegará el último. En cada jugarreta hay que nominar, como en la filfa, si es preferible volar o entonar progresivamente.

Para invertir a guardar zanahorias, el atleta puede permanecer un turno en una ranura de zanahorias, o asistir a encomendar una lechuga a la caseta semejante, o recular inclusive una chabola de tortuga (cuanto más largo es el éxodo hacia a espaldas, más zanahorias se cobran), o conciliar a una caja de finalidad volante.

Parece comprensible, ¿no? Se prostitución tan solo de causar los balanceos indispensables para batir muchas zanahorias y proceder grandes brincos hacia delante… Pues, no lo es gol, porque el dato de zanahorias que se ganan depende de la localización en la galopada de cada tahúr.

La tortuga y la liebre es uno de los exuberantes naipes que, a pesar de ser un éxito comercial desde su gestación (se han saldado más de dos millones de prototipos en todo el mundo), no se encuentra en España, adonde tan solo se hizo una estampación en 1980.

Vaya, que os conviene saber su renombre en originales lenguajes. Además del juego original británico, hay tiradas en más de diez franjas, de las cuales las principales son la alemana Hase Und Igel (la liebre y el puercoespínepígrafe de la adaptación de la descripción hecha por los her-manos Grimm), la francesa La Lievre Et La Tortue y la italiana La Lepre E La Tartaruga. Cuando lo veáis, ¡compradlo!

Fuente: El mundo en juegos de Oriol Comas i Coma

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