Othello Juego | Reversi

Othello es un juego estratégico, en el cual una partida puede ser ganada en las últimas ocho o diez jugadas. Hay que tener en cuenta la cualidad de las diferentes casillas del tablero: cuantas menos posibilidades de ser rodeada tiene una casilla, más fuerte es. Las casillas aparentemente más débiles pueden volverse muy fuertes en algunas partidas.

En el año 1971, Goro Hasegawa, comerciante japonés hijo de un estudioso de Shakespeare, conoció el éxito y gano un montón de dinero con el juego de su creación Othello. Seguro que conocía el REVERSI, juego inglés de moda a fines del siglo xix, olvidado al cabo de pocas décadas. Es tan pequeña la diferencia entre un juego y otro, tan poca importancia tiene la regla que separa los dos juegos, que hemos de suponer que Hasegawa fusiló el juego inglés. De hecho, esta acusación forma parte de la historia del juego. Se tiene noticia de dos autores ingleses que reivindicaron haber creado el REVERSI: tanto Lewis Waterman como James Mollett se tildaron mutuamente de plagiarios. Sea como fuere, de Hasegawa es el mérito de la popularización del juego: ahora lo practican millones de personas en todo el mundo.

¿Cómo jugar a Othello?

La mecánica es muy sencilla y las posibilidades estratégicas muy complejas, cuestiones que lo convierten en uno de los pocos juegos que se aprenden en poco tiempo pero que nunca se acaban de dominar. El OTHELLO se juega en un tablero de 8 x 8 casillas con 64 fichas bicolores, negra una cara, blanca la otra. Las fichas, una vez colocadas, no se mueven más de lugar. En la posición inicial encontramos la única diferencia entre el OTHELLO y el REVERSI: en este último, las cuatro fichas de comienzo se encaran, las negras debajo de las blancas, o bien las negras a la derecha de las blancas. Comienzan las negras’ y juega una vez cada jugador.

Jugar es poner una ficha en el tablero que cierre por los dos lados una o más fichas seguidas del adversario, en cualquier dirección, horizontal, vertical o diagonal. La jugada es directa, irrenunciable y multidireccional. Eso quiere decir que todas las fichas, en todas las direcciones, que pueda cerrar directamente la ficha colocada cambian de color. Las fichas cercadas por fichas adversarias, como resultado de una tirada anterior no se giran. La jugada es obligatoria y no puede renunciarse a ella aunque resulte desfavorable. Si uno de los dos jugadores no puede colocar ninguna ficha el otro juega hasta que le sea posible poner una ficha. Cuando ninguno de los dos puede colocar ficha, se acaba la partida. También se acaba, sí a uno de los jugadores no le quedan piezas de su color en el tablero, ya que no podrá encerrar ninguna ficha del contrincante. En el Othello raras veces hay tablas. Gana el jugador que tiene más casillas ocupadas con fichas de su color al acabar la partida.

Quien juegue al Othello por primera vez pensará que lo importante es comer, desde el principio, el máximo número de fichas del otro color. Pero pronto se dará cuenta de que no siempre es así, incluso no suele ser así.

De la misma manera, las esquinas, que hacen dominar normalmente una partida, pueden ser jugadas cuando ya no hay nada que hacer, cuando la suerte ya está echada. Una buena recomendación: es conveniente tener siempre una ficha propia, como mínimo, en las dos grandes diagonales. Esta y otras sutilezas del OTHELLO van descubriéndose a medida que uno se adentra en el juego.

Las reglas dan luz a los dos nombres que tiene este juego peculiar: Reversi, que hace pensar inmediatamente en fichas que giran, y OTHELLO, por los rápidos cambios de las situaciones. ¡Nunca habría imaginado Shakespeare a qué prestaría el nombre su moro de Venecia!

Fuente: El mundo en juegos de Oriol Comas i Coma

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